Cuando
un día de Julio de 1926 salió de las prensas
arequeras de Don Francisco A. Colombo el “Don Segundo
Sombra” de Ricardo Güiraldes, el pago de Arceo
comenzaba a transitar por los primeros tramos de una huella
que desembocaría en la realización del Día
de la tradición. En 1939, ya estaba inaugurado y en
funcionamiento “El parque criollo y Museo Ricardo Güiraldes”.
Ese mismo año, por iniciativa del entonces Intendente
Municipal Don José Antonio Güiraldes, recogida
por la Agrupación Base de la Ciudad de la Plata (entidad
hoy desaparecida), el gobierno de la provincia de Buenos Aires,
del cual era titular el Dr. Manuel A. Fresco, instituyó
en su territorio el día de la tradición. La
ley que lleva el N° 4756 mantiene su vigencia original
y ordena su celebración en San Antonio de Areco y en
Luján. Una ley posterior, presentada en la legislatura
provincial por el Senador Jorge J. Areces, aprobada en 1988,
agrega un artículo a aquella ley, la cual dispone que
San Antonio de Areco sea cede permanente del Día de
la tradición. El proyecto aprobado en 1939 tuvo unánime
y entusiasta aprobación en la legislatura bonaerense.
La
primera fiesta de la tradición se realizó en
1939, en la intimidad pueblerina, con la participación
de los estancieros y paisanos de los alrededores. El parque
criollo carecía de las instalaciones de las que dispone
en la actualidad. La jineteada de potros reservados se realizaba
delante del publico al que lo separaba del animal montado
solamente una distancia prudente. El desfile o paso de los
gauchos se institucionaliza y se hace costumbre distintiva
de una manera pintoresca. No había en el programa tal
desfile. Los paisanos comían su asado al mediodía
y de allí, a caballo, partían rumbo al parque
criollo. El hecho parecía olvidado y, al año
siguiente, la fiesta se celebra en la Ciudad de La Plata.
Pero en 1941 volvió a ser cede San Antonio de Areco.
Frente a la Intendencia, se habían reunido las autoridades
e invitados para ver pasar a los gauchos rumbo al parque Criollo.
Una Ordenanza de la Municipalidad vio venir a los gauchos
y advirtió que no tenían bandera y pensó
que los organizadores se habían olvidado y pego el
grito ¡La bandera! Este entró a su casa y salió
con una bandera dejada allí por una escuela, quien
entregó al primer gaucho que vio y desde entonces se
instalo la costumbre que ya es un rito, el jinete preabanderado
y su escolta salen rumbo al desfile y llegan al palco oficial,
donde lo espera la autoridad de mayor rango, quién
le entrega la bandera del desfile que recién entonces
lo convierte el abanderado del desfile.
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